A la muerte de Paco de Lucia

     El alba, se retrasaba
     El duende, exigió silencio
     La brisa, trajo su llanto
     La guitarra, su lamento
     El rumor, cruzó los mares
     El mundo, empezó a saberlo

     Las gargantas de la copla
     De repente enmudecieron
     El bordón de la guitarra
     Con el punteo más lento
     Lloró lágrimas de espino
     Oyendo doblar a muerto

     Los acordes esperaron
     De seguiriya, el comienzo.
     Canto de dolor profundo
     Reflejados en el cielo.
     Azul de espacio infinito
     De esperanza y de misterio.

     El cante vistió de luto
     A gitanos, que batieron,
     Las palmas lentas y sordas
     Al estilo más flamenco.

     Los bailaores danzaron
     Zapateados eternos
     Corceles de capa blanca
     Con majestuosos gestos
     Acudieron a la cita
     Para ofrecerle al maestro
     Sus cabriolas de pesar
     Galopando con el viento

     Las flamencas enlutadas
     Ahogando sus sentimientos
     Sin la guitarra bailaron
     Martinetes en silencio.
     Sonar de fragua y martillo
     Duendes de arte en secreto.

     Las tabernas se llenaron
     Del público más selecto
     Para recitar poemas
     De musicales sonetos
     Enviados desde Cádiz
     Al inmenso firmamento

     En ese espacio de todos
     Cuando se entreguen los cuerpos
     Camarón se arrancará
     Acompañado de nuevo
     Por Paco que ya ha pasado
     Al mito de lo perpetuo

     La guitarra enmudecida
     Desafinada de duelo
     Acurrucada quedó
     en el pecho del maestro
     Para poder rasguearla
     En la gira de lo eterno.


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