El Turismo y la mirada de Dios

      Un día, cuando el sol iniciaba su andadura por Punta Prima, Dios empezó a darse cuenta de la belleza que iba descubriendo, a medida que se iluminaban nuestras tierras. En los primeros tiempos, quizás por su afán de crear un mundo que reflejara la armonía de su pensamiento, no les prestó mucha atención Pero al ser conquistada por gentes extrañas, decidió, de nuevo, mirarnos de cerca.
      Se extasiaba mirando la Foradada. La diseñó anclada en el mar y en el tiempo, y se divertía viendo a las olas jugar y saltar, a su través, inundando el ambiente de una espuma blanca, que salpica el pasar de los siglos. Se recreó viendo las bahías de Alcudia y Pollensa, disfrutando del extraño silencio de aquellas noches, en que el cielo se satura de estrellas. Descubrió Deyá, en cuya villa, el que no es poeta se vuelve, y respiró la armonía del campo de Valldemossa, que, al decir de Rubén Dario, “ entre olivares pingües y entre pinos de Alepo, divisa el mar azul que el sol baña de rosa”. Atrajo al Archiduque Luis Salvador Habsburgo-Lorena y Borbón, nuestro gran promotor, para que dejara constancia de nuestros usos y costumbres en su obra Die Balearen, y, le mostró al mundo la Cartuja, donde George Sand escribió Un Hiver à Majorque, y, Chopin, según dicho poeta, --“enamorado, víctima de aquella curiosa hembra, caso teratológico por su intelectualidad, y que, cuando no era toda literatura, era toda sexo”,- escribió parte de su obra, cuyos acordes llenaron de dulzura la paz del entorno, sus Nocturnos regaron de magia el verdor de los jardines, que rodeaban su habitación, y las Polonesas, fueron la forma de restañar la esperanza de su patria herida.
     Además, nos envió al Rey. Suaves vientos trajeron ilustres visitantes, que obligaron a los medios de comunicación internacionales, a publicar la belleza de nuestro entorno por todo el mundo. Y las Islas, medraron. Se superó el pleno empleo incorporando mano de obra de toda Europa y supimos que la mirada de Dios seguía protegiéndonos.
     Y, ahora, después de la crisis, tenemos que ayudarla, a cuyo fin necesitamos promover, suficientemente, un turismo de calidad. Necesitamos renovar nuestras estructuras, creando industria. Necesitamos permitir el esponjamiento de las zonas turísticas, mediante los beneficios que el Govern pueda darles a los hoteleros para fomentarlo. Necesitamos huir del turismo barato, favoreciendo e incentivando, la desaparición de los hoteles de menor categoría y prohibiendo la edificación de establecimientos hoteleros, de menos de cuatro estrellas. Necesitamos olvidarnos de los trasnochados nacionalismos, procurando que la juventud se prepare y hable idiomas, condición importante para moverse en el mundo de hoy, e imprescindible en nuestras Islas, en las que vivimos todos del turismo, aunque algunos no se lo crean. Necesitamos reforzar, mediante los esfuerzos que sean necesarios, la publicidad de la política, para que el pueblo esté informado, y no volvamos a caer en esos Pactes de Progres, que han asolado, por dos veces, nuestra economía, y necesitamos, sobre todo, que los políticos sean serios, que dediquen su esfuerzo a cuidar del futuro de la comunidad, no vaya a ser que un día, por su culpa, se desvíe la dulce mirada de Dios.

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