Diciembre en Alaró

            Cuando se inició el mes, las luces de la ciudad ya se habían encendido para embellecerla. En estas Islas, de inviernos suaves, nada cambia. Desde el despacho sigo viendo pasar el tiempo, y meditando, - cuando miro al jardín, que se modifica al correr de los meses, - que en la periodicidad de sus movimientos, todo es estable. Los cipreses conservan su verdor, recios, desafiando el empuje de las frías noches, como eternos combatientes, con largas puntas señalando al infinito, o quizás apuntando a un espacio donde siempre se ha situado el cielo, aunque nadie sabe, a ciencia cierta, donde se encuentra, ni siquiera si existe. Anochece temprano, y rápido, como si este otoño tardío, tuviera prisa por ver pasar los meses que sirven de transición a la primavera, explosión de amaneceres ilusionantes, de flores y de armonía, época en que se instala el verdadero triunfo de la vida.
            Este año, los políticos han decidido que las elecciones, sean el preludio de las grandes fiestas de la familia, llenando de disputas, mentiras, medias verdades y demagogia, la antesala del deseo de felicidad que, con más o menos verdad, se desean los habitantes de este mundo maltratado por el odio y la ambición.
            Dicen que no existe una guerra de religiones. Nunca ha existido, porque cualquier religión, se supone, que es la relación de los hombres con dioses justos, sencillos y misericordiosos. Pero, tales dioses, están creados por la imaginación, interesada, de los falsos profetas, que predican, como cierto, lo que desconocen. Ponen en boca, cada uno, de su dios, lo que les interesa que haya dicho, y mucha gente lo cree. Atraen a jóvenes combatientes con el señuelo de la religión, prometiéndoles los beneficios de un paraíso y otros premios, otorgados por unos dioses, que, si existieran, estarían lejos de otorgar premio alguno, más bien se sentirían avergonzados ante tanta crueldad, y correrían despavoridos, huyendo de la maldad de tan ruines adoradores.
            Hay ambiente de Navidad. El Niño vuelve a nacer, los compañeros celebran comidas de “compañerismo”, las familias se reúnen – y discuten- para celebrar los acontecimientos que la tradición exige, y los comercios hacen su Agosto en Diciembre.
            Sabemos que las guerras nunca terminarán; que siempre, en algún lugar del mundo, el ruido de los cañones alterará la paz. Pero, al menos, espero que disfrutéis de esa paz interior, a veces desconocida, que es la base de la felicidad.
            Felicidad que os deseo a todos.

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