El Maestro

   
Caminaba por el pueblo, siempre erguido,
Bastón, abrigo y sombrero  
Admirado por su esmero  
En educar a los niños

Caminaba, sobre azules  libros.
La cultura remozada en el ambiente
Buscando eternas luces, con cariño,
Para que un día, de forma permanente,
Lograran volar a su destino
Jóvenes sanos, ilustres  y eficientes.

Caminaba junto al amor de la esperanza
Por el terreno baldío de un futuro incierto
Por barbechos de tierras de secano
Por callados senderos de  lamentos


Caminaba con su alma desdentada
Sufridora de hambre en su destierro
Sin poder hacer nada en aquel pueblo
Para que abrieran sus mentes, encerradas
En oscuros e incultos pensamientos

Caminaba explicando con desvelo
Que la ventura del saber es lo primero
Que la pobreza es obsceno sufrimiento
Más, la felicidad, tampoco es el dinero

Y el día que dejó de ser maestro
Comprendió que el fruto   de su noble intento
No dependía, tan solo, de su esfuerzo,  
Si no de un dios, lejano y misterioso,
Que dotaba, a su capricho, los cerebros


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