Abril en Alaró

     Después de un mes de Marzo, huérfano de lluvia, espejo de un invierno huido entre el amago de una incipiente y falsa primavera, Abril empieza con una neblina de  viejo caduco,  como una indeterminada estación, que algunos defienden como creadora de un cambio de clima. Apenas pasados los días de una cuaresma olvidada, sonará el retumbar de tambores, acompañando a los cristos de cara macilenta, sangrante su cuerpo maltrecho;  las manos, y los pies, atravesados por enormes clavos; los cirios quemando la cera que señalará el recorrido de la procesión, y las mujeres  susurrando plegarias de arrepentimiento, ante una virgen, reflejada la tragedia en la cara, con las espadas clavadas entre la vestimenta de  su ropa mortal, como  las que le clavaron entre los pliegues del  alma,  mientras veía morir al hijo  en la cruz.
            Así comienza  Abril en este pueblo, adormecido sobre la ladera de la Sierra de Tramontana. Ha salido el sol, después de una lluvia de primavera, imprescindible para que el campo empiece a recobrar los colores, con los que se vestirá  el resto del año. Siento bullir mi pensamiento, al empuje de un  clima bondadoso que me acompaña en mis lentos paseos, y la mente se recrea, ante la belleza incipiente de los brotes, que apuntan el   nacimiento de las flores. 
            Nubes blancas se extienden  flotando en el firmamento, inyectando pureza  a un mundo titubeante,  porque la primavera es  el comienzo de la vida,  el gozoso nacimiento de los años, la esperanza de que la virginidad, profanada al comienzo del otoño, - cuando los arados rasgan la tierra estableciendo los surcos sobre los que caerá la simiente, - se transformará en los frutos que, apenas, empiezan a insinuarse en los campos, y llenarán las despensas del mundo.  
            La primavera, levemente vislumbrada en Abril, es el sarpullido que aqueja a los humanos en la adolescencia, el empuje hacia una madurez presentida, la belleza del amor juvenil. Los amaneceres se inundan del canto de los pájaros disfrutando del nuevo día, del revoloteo de los recién nacidos, esperando en los nidos, la alimentación que,  los progenitores,  irán dejado caer en sus picos. Al poco  tiempo,  los empujarán para que inicien su primer vuelo,  desde el que podrán ver que nuestro mundo, en Abril,  es una alfombra de flores,  un universo de vida y color  


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