Lunes Santo (2.021)

La llegada a Jerusalén, fue un triunfo; la organización funcionó, y el recibimiento, con los niños agitando las palmas, como saludo de bienvenida a un mundo por descubrir, no fue  indicativo de la tragedia que se avecinaba, aunque nada sabemos si detrás de tan excelente escaparate, el Cristo, del que no se tienen noticias de lo ocurrido durante el resto de día, organizaba, con su equipo,  la estrategia a desplegar en unos días tan importantes para su revolución; revolución que después de miles de años, aún pervive. 

            El lunes, amaneció, con ilusionada esperanza. Los discípulos, desplegaron su actividad, sembrando la semilla cuyo fruto ha sobrepasado, en mucho, las expectativas más delirantes. No sabemos como estaban organizados para llevar su “buena nueva” a las masas; seguramente, aprovechando los corrillos propios de tales fiestas, intervenían en los temas que se estuvieran tratando, orientando las conversaciones para que recayeran en las virtudes del Cristo, sus promesas y sus milagros; su sentido de la justicia, su capacidad para saciar el hambre del Pueblo, como demostró en  el Monte Sinaí, alimentando a  cinco mil personas, con, apenas, una canasta de pan y algún pescado; o de  su preparación para dirigir al pueblo judío, cuando su revolución triunfara y fueran arrojados lo romanos de sus Instituciones.  Se entregaron, sin duda,  a la publicidad de la causa que, ya,  formaba parte de sus vidas. Cuando Jesús le dice a los Apóstoles – hoy se llamaría Equipo de Campaña,  – igual que a San Pedro, y, se supone que con la misma frase, “ven y ´sígueme”, están empezando a organizar  la rebelión de las ideas. Pero sabemos – por sus actos los conoceréis – que su actividad no debió ser, del todo, pacífica, por la forma en que actuó el Maestro.   

            Este Lunes, es llamado por algunos, "Lunes de Autoridad" porque Jesús hizo alarde de su fuerza. Manifestó ante el pueblo la fortaleza de sus creencias, y la ira que pueden producir, cuando se ven transgredidas, por algo que te es insoportable, como, en este caso, la ambición, o, tan odioso como  la usura.  

            El Cristo, repartidas las consignas para la actividad del día, se traslada a la Sinagoga a  decir las oraciones de la mañana, y a encontrarse con ese Padre, al que, el Viernes próximo, se supone que en arameo, le recriminará su abandono. (Elí, Elí, lemá sabakhtháni?).     Pero, no encuentra las diez personas que necesita para sus rezos, si no un verdadero mercado, y para realizar la purificación del Templo,  arremete, contra los mercaderes, diciendo "Mi casa, casa de oración será llamada".   Se manifiesta contra la higuera que no da fruto, y látigo en mano, expulsa a los cambistas, ejercientes de la usura, que, con la prostitución , es el oficio más antiguo de este mundo. 

            Librada esta primera batalla, que sin duda, alertó al Sanedrín, se traslada a la Betania, a la casa de la familia de Lázaro, al que, en su momento, resucitó; allí se encuentra María Magdalena, quién como apoyo al descanso del guerrero, destapa un perfume de nardo, carísimo, y, mientras Marta prepara la cena, se lo derrama por su extensa cabellera, y alivia los pies del divino caminante,  en un gesto de amor inexplicado, pero, seguramente, erótico,  que demuestra la relación que la une al Maestro, y que puede confirmarse, viéndola al pie de la cruz, como una, de las dos mujeres, existentes en los evangelios,   y, de cuya narración despareció, quizás por la vergonzante relación que tiene la Iglesia con esta clase de relaciones, que ha hecho, y sigue haciendo, un gran daño a los católicos practicantes, seguidores de la doctrina que impone el Vaticano.